sábado, 1 de agosto de 2015

Elección de valores

Elección de valores

1- Densidad, fluidez

El grado de densidad es una de las diferencias entre algunas dualidades

La Materia es energía densa y el espíritu lo contrario.
Pero la dualidad bien y mal no es tan sencilla. Aun así el grado de densidad y de fluidez es una pista. El mal ata y el bien libera, ata el odio, el resentimiento, el egoísmo, la ignorancia, la mentira, la ocultación, el desprecio, la indiferencia, la prepotencia, la humillación. El odio nos ata a quien odiamos, el miedo nos ata a lo que tememos, todo lo negativo nos ata a una vida de amargura e insatisfacciones.

Libera la bondad, la compasión, la curiosidad inocente, la comunicación, la sencillez, el amor y el favor que no espera recompensa.

El mal ata porque entre otras cosas existe un mecanismo llamado karma, que se encarga de que cosechemos lo que sembramos.

Los sentimientos y pensamientos generan acciones y las acciones consecuencias, que pueden ser constructivas o destructivas, que aportan soluciones, es decir liberan o aportan problemas que siempre atan.

El mal ata cuando da la recompensa sin decir su coste y consecuencias, ocultando las condiciones del contrato.

El bien libera al dar la recompensa una vez nos la hemos ganado, el bien no oculta información, ni la teme.

2 - Dualidades, La condición humana

Evolución o involución, espíritu o materia, el bien o el mal, dos dualidades que se oponen, que juegan, que giran, vuelven, se entienden, se aman, y el ser humano es su fruto.

El ser humano es el fruto de dos fuerzas que no siempre son antagónicas. El ser humano busca volver a la casa del Padre Espiritual, pero se debe a su Madre Materia, al tiempo que ha de encontrar su sitio, su sentido de existir entre dos mundos que no acaba de entender. Ambos le piden coherencia y él apenas sabe vivir entre ambos mundos, ni saber quien es y que hace aquí, ya que vive en un tercer mundo, su mundo, el mundo humano que es una síntesis de muchos mundos.

Aveces se siente como una marioneta en una cruel tragicomedia en la que no puede elegir el guión, o un peón en un tablero de ajedrez que ha de moverse por fuerzas que desconoce.

El Espíritu te pide que cumplas con sus normas, amar al prójimo como a uno mismo, norma que en la Tierra y en la civilización actual te convierte en la comida del otro.

Si el Espíritu impusiera sus normas en la Tierra, la vida y la naturaleza desaparecerían, la Tierra seria como los demás planetas, muy espiritual, pero sin cuerpos físicos con que encarnar.

La búsqueda de consenso entre estas fuerzas ha propiciado la existencia de la vida, de la naturaleza y del ser humano con cuerpo físico.

El matar un animal, una planta para comer es una necesidad material, que el Espíritu respeta.

Pero cuando alguien se acerca a la dimensión espiritual le pide que vaya aceptando otras formas de hacer las cosas

La dualidad bien y mal no están en las casas del Padre o de la Madre, Espíritu o Materia, esta en los actores secundarios.

3 - El conflicto

La guerra entre el bien y el mal, entre la evolución y la involución, se lleva a cabo en territorios sutiles, el campo de batalla esta en las mentes y los sentimientos, en las ideas y valores de cada uno.

La involución gana adeptos cuando nos dejamos seducir por los viejos valores de la fuerza y supremacía de unos respecto a otros, cuando creemos que hacer el bien es de débiles y de no saber defender lo propio, que el amor es un mero sentimiento.

El mal gana la batalla cuando cansados de ver maldad, nos olvidamos que el ser humano es capaz de hacer cosas buenas.

Gana cuando valoramos el éxito existencial en términos de poder económico y supremacía respecto a los demás a cualquier coste.

Gana cuando en la búsqueda de felicidad renunciamos a ser responsables, en una huida hacia adelante imposible para no hacerse cargo de las consecuencias de nuestros actos.

El destino lo marca el camino, el medio determina el fin, como la siembra nos habla de la cosecha.

Lo que encontremos al final del viaje será un reflejo de nuestra forma de tratar a los demás en el camino. Si subimos pisando orgullos y cabezas, nos las pisarán, si subimos respetando y amando es lo que tendremos.

La profesión no es lo que dice un título oficial, lo dice las herramientas que llevamos en las manos.

No busquemos ineficacia e incompetencia más allá de uno mismo.
El mal gana cuando buscamos culpables a nuestros fracasos.

Si no hay fluidez en el camino, no busques culpables, reorganiza tu vida.

El espíritu te pide atención, compasión, empatia y humildad, el mundo humano te pide instinto y saber venderse, la naturaleza te pide que seas más fuerte que el otro, y el ser humano vive entre los tres mundos.

Lo correcto o lo incorrecto es donde uno quiere vivir, con los valores del Espíritu o los valores de la Naturaleza, en la Naturaleza o corres para comerte a otro o corres para que no te coma, valores que comparte la civilización actual, la forma en que tratamos de conseguir cosas no difiere de los métodos de supervivencia y caza de la selva. No es malo, ni bueno, es malo si queremos acercarnos a los valores del Espíritu.

Es bueno o malo en función del lugar que queremos estar, subir peldaños en la evolución exige dejar atrás Todo lo que pertenece a un peldaño posterior, recordemos que una definición del mal, es que es un bien no superado.

Por ejemplo: Si dejamos la selva no podemos seguir ascendiendo profesionalmente pisando cabezas, sacrificando a los débiles y a los perdedores, así hemos hecho una civilización con valores de la selva.

En la naturaleza un árbol caído es materia de reciclaje, el árbol ha fracasado y ha de ser utilizado por otras vidas. En los valores del Espíritu un árbol no cae ya que el bosque esta atento para que nadie caiga. No es que la naturaleza sea peor, cada reino tiene sus propios valores.

4 - Los  valores

Los primeros intentos de vivir en grupo y en poblaciones fueron posibles al incorporar los valores básicos de convivencia, lo que serían los diez mandamientos, el no matar, no robar, etc, son valores de consenso aunque impuestos que requieren de policías y jueces para poder vivir en grupo.

Una civilización futura viable debería incorporar valores interiorizados por la mayoría como la compasión, la empatia, el amor incondicional que Cristo trato de enseñar hace dos mil años, no el amor sentimental de "que buenos somos todos y cuanto nos queremos", el amor del Ángel Solar que es capar de amar al ser humano y permanecer a su lado aunque sea un asesino múltiple.

Los valores de convivencia simbolizados por los diez mandamientos bastaba que los respetaramos para que nos odiaramos y mataramos lo justo para no autoextinguirnos

Los nuevos valores es necesario interiorizarlos, no es cuestión de normas, ni de leyes, es cuestión de que si queremos salir de bucles temporales de guerras y hambrunas, de repetir la historia una vez tras otra, o incluso involucionar, hay que dar pasos adelante, dejar atrás los valores de la selva y dejar una oportunidad a los valores del Espíritu, del amor, de la compasión, de la empatia.

Dos mil años después de Cristo, con las religiones haciendo leyes y política, se ha comprobado que no se pueden hacer leyes para que la gente ame o se respete, ningún político o religioso puede hacer que amemos o tengamos empatia o compasión, esos valores los tiene que trabajar cada uno con sigo mismo y con los demás. Es el verdadero campo de batalla donde cada fuerza pone todo su esfuerzo, en que tipo de valores seducen a la gente.

Volvemos a decir que el mal tiene muy buen marketing, te dice que lo que está al alcance de tu vista te pertenece, te sugiere que tomes lo que te apetezca, posteriormente ya te viene la sorpresa de que hay un precio.

El bien por el contrario te pide que te ganes y te hagas merecedor de lo que deseas. Solo cuando has demostrado que puedes gestionar bien un recurso te lo facilita.

Los valores del bien los solemos conocer en su cualidad inferior cómo sentimientos.
Como sentimientos son duales, podemos amar, pero cuando no nos corresponden surge el odio.

Cuando el amor está interiorizado y corresponde a los valores superiores, es incondicional en cualquier circunstancia, no depende de circunstancias externas, brota de uno mismo de fuentes superiores. Mientras que el amor como sentimiento necesita de otra polaridad horizontal para manifestarse.

Para interiorizar los Valores del Espíritu tenemos que depositar todo nuestro equipaje arriba y delante nuestro. Lo que ya no sirve desaparecerá, de la misma forma que irán apareciendo las cosas y personas que en cada momento necesitemos.

No sabemos en cada momento del camino que vamos a necesitar, solo sabemos que tendremos lo justo y adecuado para la ocasión.

No nos ata nada salvo la voluntad y el amor de mantener la mirada arriba y adelante, ser receptor de energías superiores y mantener las manos extendidas en actitud de dar para que la energía fluya. A mayor bondad  y humildad, mayor fluidez.

José Enrique Hueso

28/07/2015