lunes, 3 de agosto de 2015

Siembra de valores

Siembra de valores

Todo lo que existe empieza por un pensamiento, por una idea, por una semilla.

La sociedad actual creada con los valores de supervivencia, esta atrapada en sobrevivir, en poder traer comida a casa, dinero al banco para pagar las facturas. Y si en algún momento tenemos las necesidades básicas de comida y techo cubiertas nos complicamos creandonos otras necesidades que el estatus social que hemos elegido nos exige, viajes, ropa cara, última tecnología, etc. Por una razón u otra siempre estamos atrapados en luchar para llegar a unos mínimos, como si la vida fuera un campo de batalla y tuviéramos que cazar aquello que desearamos, así nos planificamos en estrategia para conquistar una pareja, un objetivo, un trabajo. Y cuando lo tenemos conquistado viene otro trabajo arduo, el impedir que otro te lo quite, nuestra mente no deja de estar en modo caza, ya que tenemos que preveer las ocasiones en que "el otro", "el que desconocemos pero sabemos va ha hacer lo mismo que hicimos nosotros", puede atacar y arrebatarnos nuestra caza.

Es curioso que la civilización aun funcione con los valores de la caza y supervivencia, cuando es la agricultura la que permitío hace miles de años que salieramos de las cuevas.

El cazador busca una presa y apartir de ahí su vida está condicionada a ella, primero para cazarla y luego para que no se escape, ni que te la cacen otros.

La vida de un labrador es diferente, ha de estar atento al clima, a la tierra y al sol, a las necesidades del mercado para elegir que va ha sembrar, a la disponibilidad de agua, a la luna que condiciona la germinacion y la maduración, a las plagas y hierbas invasoras que si no se controlan pueden arruinar la cosecha. Si va a usar semillas de corto plazo cómo las verduras que en unos meses se cosechan o anuales cómo los cereales, o de más largo plazo como los frutales o el olivo que tardan años en dar fruto.

Usa las semillas para con tiempo y cuidados cosechar lo que un día decidió que sería bueno.

Aunque nos creamos cazadores también somos labradores, cada sentimiento, cada pensamiento es una semilla que estamos sembrando para el futuro.

Es como si nuestro corazón y mente fuera un semillero donde se preparan las plantas y árboles que adornarán los jardines de nuestras ciudades.

Sentir y pensar es sembrar, pero para que la semilla pueda germinar bien y dar un buen fruto hay que trabajar en ello, mantener la decisión, la voluntad, el amor, la constancia, la coherencia en el proyecto, no abandonar la semilla, estar en todo el proceso hasta la cosecha, hasta que la teoría se convierte en costumbre.

Es lo que damos valor y consideramos importante lo que estamos sembrando para el futuro, tal vez en el presente solo veamos maleza y caos, si queremos otra cosa para el futuro hay que ponerse a sembrar y cuidar ya, otras cosas, otros valores.

A poner en práctica otros valores, a sacarlos de los polvorientos textos o de utopías futuristas; el amor al prójimo, la democracia, la justicia, la igualdad, la fraternidad, la libertad necesitan tierra fértil para hechar raíces, no eternas añoranzas o esperanzas que no llevan a nada, sino descender al pie de nuestra existencia y rutina para darles vida.

Poner en práctica esos ideales y valores que creemos son buenos, poner a prueba nuestras capacidades para traer a la existencia cotidiana en la familia, en el trabajo, en el ocio valores que parecen secuestrados en viejos libros.

Los grandes valores han servido para crear revoluciones y religiones, para que se hable mucho de ellos, se usan como excusa en las guerras, en la sed de matanza entre humanos, en la sed de someter pueblos,  se vive y se mata por esos ideales, pero no han conquistado la vida cotidiana de la mayoría de la gente, pocas son las raíces que han hechado en los corazones, mentes y hábitos de las personas. Apenas no dejan de ser teorias de los santos, Dioses, filósofos, políticos, o el vendedor de esperanzas de turno. Y el ser humano deseoso de pertenencia a grupos se suma a ellos sin cuestionar, ni experimentar nada. Se suma, pero ni los comprende, ni vive con ellos, podrá matar por ellos pero sin saber, ni comprobar.

Hemos nacido en el desear y pedir para conseguir, a quitárselo a otro si es necesario, la historia nos dice que cuando un pueblo se quedaba sin recursos lo solucionaba invadiendo a los pueblos vecinos. Pero los grandes ciclos de la historia como las religiones y revoluciones han sido provocados por intentos de poner en práctica unos valores que tiempo antes unos pensadores decidieron que era bueno pensar en ellos.

Tal vez esos pensadores estarían voluntariamente perdidos en algún paraje aislado, pero estaban sembrando los valores para la humanidad del futuro. Y siendo ejemplo en su vida y rutina para que esos valores hecharan raíces en su entorno.

Algún político puede pensar en que leyes ha de crear para que lo gente viva en paz, armonía, respeto y amor. El problema es que los valores nobles, los que potencian la parte noble del ser humano no se pueden imponer con leyes. Las leyes sirven para limitar el mal comportamiento, pero la nobleza ha de querer uno llegar a ella. No se trata de innovar valores, se trata que en la vida cotidiana de cada uno, estos valores estén vigentes, y reconozcamoslo, no es nada fácil.

Un labrador sabe que saber esperar es importante, si quiere fruto de árboles necesita años de trabajo y atención para ver el primer fruto, y sabe que una buena cosecha requiere de mucho trabajo y atención, pero se puede perder en minutos, con una tormenta, un golpe de calor, una plaga, un hongo, una caída de precios que le arruine  y una larga lista de imprevistos. Por lo que no se castiga si al final no salen las cosas como estaban planeadas. En ese caso sabe que hay que esperar más y seguir trabajando. Sabe que la constancia y la coherencia son más fuertes que las circunstancias.

José Enrique Hueso

04/08/2015

Joseenriquehueso.blogspot.com.es

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