viernes, 14 de agosto de 2015

La libertad del perdón

La libertad del perdón

Una de las herramientas que sirven para liberar es el perdón, perdonar es romper la cadena que te ata a lo que te atormenta, te ofende, te humilla, te desespera.

No hay perdón sin perdonarse, como no hay ofensa sin susceptibilidad. La liberación empieza cuando nos damos cuenta que si en algún momento nos sentimos ofendidos es por nuestra causa, vulnerabilidad y responsabilidad.

El que hiere, y nosotros al cabo del día herimos en algún momento, nos demos cuenta o no, solo por existir ya estamos perturbado el espacio a alguien, toda unidad de vida necesita de un espacio, de unos recursos, de un camino, de una compañía para vivir y evolucionar, en la medida que falte empatia y respeto, los roces y fricciones son inevitables. Ya podremos ser el sirviente más humilde sin querer nada para uno mismo, que siempre habrá gente a quien sin saberlo herimos y ofendemos.

También hay quien hiere y mata a voluntad, estas heridas son más difíciles de curar, pero de nada sirve el odio a estas personas salvo que alimentan más su odio y sed de seguir haciendo daño. Hay quien hace daño y se alimenta de la energía que provocan sus consecuencias, se alimentan del sentimiento del dolor, del odio que generan, con más razón en estos casos es aconsejable romper cadenas, romper cordones ombilicales con los que alimentamos al agresor, el dolor y el odio actúan como la leña alimentando al fuego. No se puede apagar un fuego con más fuego, a no ser que se queme todo lo que pueda arder, ni con más leña que sería la inercia, la sumisión, el dolor, el odio, la indignación, solo se apaga con agua que sería el amor, y con la resolución de que nuestra libertad y dignidad son una prioridad. Aunque nos hayan hecho daño no podemos perder el tiempo ejerciendo de jueces, ya existe el karma para que cada uno coseche lo que va sembrando, nos merecemos ser libres y no hay peor condena que el dolor, nuestra conciencia queda atrapada en el dolor, en recuerdos del pasado, negándonos disfrutar del presente, sus oportunidades y de las personas que nos quieren bien.

El perdón rompe la inercia que eterniza situaciones injustas, o bien se eterniza el estatus agresor víctima, o el estatus pendular de "hoy te hago daño yo y mañana a ver como me agredes tú".

La sensibilidad  y tolerancia al dolor es relativa y personal, todo el mundo puede hablar de lo mal que le va la vida, cualquiera es capaz de justificar su dolor, su herida, incluso su odio.

Las heridas y el dolor es personal y se merecen todos los respetos, pero más allá de la pena y el dolor, ser susceptible, sentirse herido es una puerta a la pérdida de libertad. Es una señal de que somos vulnerables, que ante un problema perdemos la atención, la adaptabilidad para seguir adelante y convertir una adversidad en una oportunidad.

Al margen de situaciones límite, ( la valoración del límite también puede ser relativa), el sentir dolor es una filosofía de vida, hay quien se ahoga en una gota de agua y hay quien se bebe el océano entero, hay quien un poco de calor o frío le atormenta y quien se adapta sin problemas. Hay quien vive en permanente amargura y quien lleva grandes cargas personales y aun tiene tiempo de aliviar las cargas de otras personas sin queja, sin molestias, ni lamento alguno.

Lo importante es ser libres, y no se puede ser libre mientras dejamos las heridas abiertas, mientras nos pesa más el dolor del pasado que la oportunidad del presente,  o no reconocemos la oportunidad ya que nos hemos hecho unas esperanzas muy a nuestra medida, así, vamos perdiendo tren tras tren, esperando el tren rosa, nuestro tren idealizado que nunca llega.

El perdonar libera, pero hay otra modalidad de perdón que aun libera más, el perdonarse a si mismo.

Perdonarte te libera de cadenas que desconocías, no podemos estar en lucha y competición permanente y pretender ganar siempe. Ya que en el fondo sabemos que lo que se gana en lucha se pierde en lucha, lo que se gana en competición se pierde en breve ya que es inevitable que acabe apareciendo alguien que lo haga mejor. Con el tiempo acaba apareciendo un León más joven, más fuerte y más atrevido, con más ganas de jugárselo todo en una carta.

Nos exigimos tanto, y exigimos tanto a los demás que convertimos este mundo en un mundo de frustración, desesperación y depresión.

De niños nos convertimos en exigentes de atención, aprendemos a exigir a los demás para progresar y conseguir, los más inteligentes, saben que si quieren avanzar más tienen que ser autosuficientes, tienen que depender de si mismos, y exigirse a si mismo, para poder estudiar, ser coherentes con un proyecto, alcanzar objetivos.

Pero no nos han enseñado a detenerse para tomar aliento en esa carrera de exigencias y autoexigencias, a saber que no se puede pedir servicio a los demás sin estar dispuestos a compensarlo, a saber que cuando queremos comernos el mundo, es el mundo el que nos acaba comiendo. Que muchas veces no salen las cosas por no saber esperar, por no saber manejar los tiempos, por no saber desacelerar nuestra presión a nosotros mismos y a los demás.

Perdonar y perdonarse nos ayuda a conectarnos con el presente, a la única realidad que existe y que no la vemos al estar atrapados entre deseos, sueños, exigencias, decepciones, frustraciones, añoranzas y esperanzas.

En vez de ver el mundo y las personas como son, con lo bueno y lo malo, preferimos ver a través de etiquetas y clasificaciones, que el mundo y las personas se ajusten a nuestra vista, en vez de ver sin condicionar. Así vamos añadiendo a nuestro particular visión del mundo y de las personas, decepción tras decepción, según van cayendo las capas de ilusión que íbamos poniendo.

Ganaríamos tiempo y disgustos si trataremos de verlo todo como es, con sus miserias y maravillas, tendríamos que desconectar el filtro con el que miramos, un filtro que como el de Correos que clasifica y distribuye a su destino las cartas, clasifica y envía al primer puesto del podium lo que transmite fuerza, glamour, potencia, y envía a la papelera lo que transmite bondad, humildad, sencillez.

La exigencia te ata al objetivo, como el cazador se ata a su presa, el buscador experimentado sabe equilibrar determinación y exigencia con flexibilidad y adaptabilidad. Sabe que el fin y los medios para conseguirlo son uno, un fin de justicia solo se consigue siendo coherente con la justicia.

Es importante llegar, pero sin perder las formas, la educación, los principios, ser capaz de dejar el camino para atender un herido, para un día descubrir que lo que fue una renuncia a nuestras aspiraciones, fue en realidad un atajo, que hemos avanzado más rápido cuando supimos renunciar por una causa mayor, como atender a otra persona.

Adaptabilidad para cambiar el orden de prioridades, nada es más importante que disfrutar de un momento de armonía con la persona que nos acompaña en un momento determinado, cada momento es único, todo puede esperar, hasta conocer la nota armónica del momento.

La constancia, la coherencia son claves para llegar a un destino, pero sin respeto y sin la capacidad de ajustar nuestros pasos con las personas que nos acompañan no iremos muy lejos. La sociedad actual valora lo contrario, la capacidad de renunciar de quienes queremos por un progreso personal, sentimental y profesional. Ser capaz de rebajar al otro para verse más arriba. Deshacerse de quien no está a la altura de unos objetivos, ni anda a la misma velocidad que uno en el área de la vida que nos interesa. El mantran actual es que la gente frena nuestra realización, cuando tenemos las personas y las circunstancias que mejor nos van a ayudar en nuestra Evolución. La diferencia de matiz viene de que realización seria lo que a nuestro ombligo le apetece en un momento dado, y la Evolución es lo que necesita nuestra unidad cuerpo alma para evolucionar en un proyecto que se escapa a nuestra perspectiva. Para evolucionar tenemos todo lo necesario. Para satisfacer apetencias todos los recursos del planeta son pocos.

Por mucha urgencia que tengamos de llegar a alguna parte, no podemos olvidar que el ser humano es una encrucijada de caminos, y que su sentido en la vida es encontrar la armonía en cada instante, en cada circunstancia, en cada rincón, en cada aparente caos.

Encontrar el punto de síntesis y de armonía entre los opuestos, ver lo que une a las dualidades, a veces buscamos respuestas a preguntas trascendentes en libros, en viajes, en experiencias extremas, cuando la mayor fuente de información es uno mismo cuando está atento, cuando está serenamente expectante, para ello hay que aprender a escuchar sin filtros a las personas, a las circunstancias que la vida ha colocado en nuestro camino.

Perdonarse:

Para quien la prioridad sea acumular dinero y estatus social, perdonarse por las veces que ha mirado a otro lado ante el riesgo de ser sensible con las dificultades de otros, y tener miedo de perder lo acumulado.

Para quien la prioridad es acumular conocimiento, perdonarse por las veces que se ha sentido superior a los demás.

Para quien la prioridad es servir a los demás, perdonarse por no poder abarcar más de lo que se puede. Por las veces que ha tratado de ayudar sin preguntar, ni escuchar, y ha "sacado el pez del agua para que no se ahogue".

Por las veces que ha buscado hasta con desesperación a quien ayudar y no ha reconocido la necesidad de quien le acompaña. Por las veces que ha dejado marchitar la flor que siempre ha estado a su lado, por tratar en vano de regar las flores de otros jardines.

Por las veces que aconsejamos de algo y la vida nos evidencia que lo que creíamos nuestro punto fuerte, en realidad es nuestro punto débil, y nos acordamos del refrán:  "Dime de que presumes y te diré de que careces".

Y es que cuando hablamos mucho de un tema es que estamos trabajando ese tema, somos estudiantes de ese tema, estamos en el proceso de conocer, experimentar e interiorizar, no perdamos de vista esto y la humildad que conlleva.

El perdón y el karma

Hay grados de  perdonarse, el más leve libera presión, el más profundo libera karma.

El karma limita y condiciona nuestro avance hasta que comprendamos hasta el último detalle en que nos equivocamos.

Perdonarse nos ayuda a superar las limitaciones impuestas por el karma, el karma tiene planes para que comprendamos las cosas, son planes que se van reescribiendo según nuestra capacidad de comprensión, de voluntad de evolucionar y de la suma de nuevos errores, así como la resta de aciertos.

Por lo que la intención de perdonarse es un inicio de darse cuenta de que queremos un camino más fácil, con más fluidez y menos obstáculos. Que tenemos voluntad de aprender, de descubrir nuevas oportunidades.

Con todo ello vemos que el perdón no existe, solo existe el perdonarse, a nadie podemos perdonar ya que el único responsable de nuestras heridas y de nuestras soluciones somos nosotros mismos.

José Enrique Hueso

15/08/2015
Joseenriquehueso.blogspot.com.es

lunes, 3 de agosto de 2015

Siembra de valores

Siembra de valores

Todo lo que existe empieza por un pensamiento, por una idea, por una semilla.

La sociedad actual creada con los valores de supervivencia, esta atrapada en sobrevivir, en poder traer comida a casa, dinero al banco para pagar las facturas. Y si en algún momento tenemos las necesidades básicas de comida y techo cubiertas nos complicamos creandonos otras necesidades que el estatus social que hemos elegido nos exige, viajes, ropa cara, última tecnología, etc. Por una razón u otra siempre estamos atrapados en luchar para llegar a unos mínimos, como si la vida fuera un campo de batalla y tuviéramos que cazar aquello que desearamos, así nos planificamos en estrategia para conquistar una pareja, un objetivo, un trabajo. Y cuando lo tenemos conquistado viene otro trabajo arduo, el impedir que otro te lo quite, nuestra mente no deja de estar en modo caza, ya que tenemos que preveer las ocasiones en que "el otro", "el que desconocemos pero sabemos va ha hacer lo mismo que hicimos nosotros", puede atacar y arrebatarnos nuestra caza.

Es curioso que la civilización aun funcione con los valores de la caza y supervivencia, cuando es la agricultura la que permitío hace miles de años que salieramos de las cuevas.

El cazador busca una presa y apartir de ahí su vida está condicionada a ella, primero para cazarla y luego para que no se escape, ni que te la cacen otros.

La vida de un labrador es diferente, ha de estar atento al clima, a la tierra y al sol, a las necesidades del mercado para elegir que va ha sembrar, a la disponibilidad de agua, a la luna que condiciona la germinacion y la maduración, a las plagas y hierbas invasoras que si no se controlan pueden arruinar la cosecha. Si va a usar semillas de corto plazo cómo las verduras que en unos meses se cosechan o anuales cómo los cereales, o de más largo plazo como los frutales o el olivo que tardan años en dar fruto.

Usa las semillas para con tiempo y cuidados cosechar lo que un día decidió que sería bueno.

Aunque nos creamos cazadores también somos labradores, cada sentimiento, cada pensamiento es una semilla que estamos sembrando para el futuro.

Es como si nuestro corazón y mente fuera un semillero donde se preparan las plantas y árboles que adornarán los jardines de nuestras ciudades.

Sentir y pensar es sembrar, pero para que la semilla pueda germinar bien y dar un buen fruto hay que trabajar en ello, mantener la decisión, la voluntad, el amor, la constancia, la coherencia en el proyecto, no abandonar la semilla, estar en todo el proceso hasta la cosecha, hasta que la teoría se convierte en costumbre.

Es lo que damos valor y consideramos importante lo que estamos sembrando para el futuro, tal vez en el presente solo veamos maleza y caos, si queremos otra cosa para el futuro hay que ponerse a sembrar y cuidar ya, otras cosas, otros valores.

A poner en práctica otros valores, a sacarlos de los polvorientos textos o de utopías futuristas; el amor al prójimo, la democracia, la justicia, la igualdad, la fraternidad, la libertad necesitan tierra fértil para hechar raíces, no eternas añoranzas o esperanzas que no llevan a nada, sino descender al pie de nuestra existencia y rutina para darles vida.

Poner en práctica esos ideales y valores que creemos son buenos, poner a prueba nuestras capacidades para traer a la existencia cotidiana en la familia, en el trabajo, en el ocio valores que parecen secuestrados en viejos libros.

Los grandes valores han servido para crear revoluciones y religiones, para que se hable mucho de ellos, se usan como excusa en las guerras, en la sed de matanza entre humanos, en la sed de someter pueblos,  se vive y se mata por esos ideales, pero no han conquistado la vida cotidiana de la mayoría de la gente, pocas son las raíces que han hechado en los corazones, mentes y hábitos de las personas. Apenas no dejan de ser teorias de los santos, Dioses, filósofos, políticos, o el vendedor de esperanzas de turno. Y el ser humano deseoso de pertenencia a grupos se suma a ellos sin cuestionar, ni experimentar nada. Se suma, pero ni los comprende, ni vive con ellos, podrá matar por ellos pero sin saber, ni comprobar.

Hemos nacido en el desear y pedir para conseguir, a quitárselo a otro si es necesario, la historia nos dice que cuando un pueblo se quedaba sin recursos lo solucionaba invadiendo a los pueblos vecinos. Pero los grandes ciclos de la historia como las religiones y revoluciones han sido provocados por intentos de poner en práctica unos valores que tiempo antes unos pensadores decidieron que era bueno pensar en ellos.

Tal vez esos pensadores estarían voluntariamente perdidos en algún paraje aislado, pero estaban sembrando los valores para la humanidad del futuro. Y siendo ejemplo en su vida y rutina para que esos valores hecharan raíces en su entorno.

Algún político puede pensar en que leyes ha de crear para que lo gente viva en paz, armonía, respeto y amor. El problema es que los valores nobles, los que potencian la parte noble del ser humano no se pueden imponer con leyes. Las leyes sirven para limitar el mal comportamiento, pero la nobleza ha de querer uno llegar a ella. No se trata de innovar valores, se trata que en la vida cotidiana de cada uno, estos valores estén vigentes, y reconozcamoslo, no es nada fácil.

Un labrador sabe que saber esperar es importante, si quiere fruto de árboles necesita años de trabajo y atención para ver el primer fruto, y sabe que una buena cosecha requiere de mucho trabajo y atención, pero se puede perder en minutos, con una tormenta, un golpe de calor, una plaga, un hongo, una caída de precios que le arruine  y una larga lista de imprevistos. Por lo que no se castiga si al final no salen las cosas como estaban planeadas. En ese caso sabe que hay que esperar más y seguir trabajando. Sabe que la constancia y la coherencia son más fuertes que las circunstancias.

José Enrique Hueso

04/08/2015

Joseenriquehueso.blogspot.com.es

sábado, 1 de agosto de 2015

Elección de valores

Elección de valores

1- Densidad, fluidez

El grado de densidad es una de las diferencias entre algunas dualidades

La Materia es energía densa y el espíritu lo contrario.
Pero la dualidad bien y mal no es tan sencilla. Aun así el grado de densidad y de fluidez es una pista. El mal ata y el bien libera, ata el odio, el resentimiento, el egoísmo, la ignorancia, la mentira, la ocultación, el desprecio, la indiferencia, la prepotencia, la humillación. El odio nos ata a quien odiamos, el miedo nos ata a lo que tememos, todo lo negativo nos ata a una vida de amargura e insatisfacciones.

Libera la bondad, la compasión, la curiosidad inocente, la comunicación, la sencillez, el amor y el favor que no espera recompensa.

El mal ata porque entre otras cosas existe un mecanismo llamado karma, que se encarga de que cosechemos lo que sembramos.

Los sentimientos y pensamientos generan acciones y las acciones consecuencias, que pueden ser constructivas o destructivas, que aportan soluciones, es decir liberan o aportan problemas que siempre atan.

El mal ata cuando da la recompensa sin decir su coste y consecuencias, ocultando las condiciones del contrato.

El bien libera al dar la recompensa una vez nos la hemos ganado, el bien no oculta información, ni la teme.

2 - Dualidades, La condición humana

Evolución o involución, espíritu o materia, el bien o el mal, dos dualidades que se oponen, que juegan, que giran, vuelven, se entienden, se aman, y el ser humano es su fruto.

El ser humano es el fruto de dos fuerzas que no siempre son antagónicas. El ser humano busca volver a la casa del Padre Espiritual, pero se debe a su Madre Materia, al tiempo que ha de encontrar su sitio, su sentido de existir entre dos mundos que no acaba de entender. Ambos le piden coherencia y él apenas sabe vivir entre ambos mundos, ni saber quien es y que hace aquí, ya que vive en un tercer mundo, su mundo, el mundo humano que es una síntesis de muchos mundos.

Aveces se siente como una marioneta en una cruel tragicomedia en la que no puede elegir el guión, o un peón en un tablero de ajedrez que ha de moverse por fuerzas que desconoce.

El Espíritu te pide que cumplas con sus normas, amar al prójimo como a uno mismo, norma que en la Tierra y en la civilización actual te convierte en la comida del otro.

Si el Espíritu impusiera sus normas en la Tierra, la vida y la naturaleza desaparecerían, la Tierra seria como los demás planetas, muy espiritual, pero sin cuerpos físicos con que encarnar.

La búsqueda de consenso entre estas fuerzas ha propiciado la existencia de la vida, de la naturaleza y del ser humano con cuerpo físico.

El matar un animal, una planta para comer es una necesidad material, que el Espíritu respeta.

Pero cuando alguien se acerca a la dimensión espiritual le pide que vaya aceptando otras formas de hacer las cosas

La dualidad bien y mal no están en las casas del Padre o de la Madre, Espíritu o Materia, esta en los actores secundarios.

3 - El conflicto

La guerra entre el bien y el mal, entre la evolución y la involución, se lleva a cabo en territorios sutiles, el campo de batalla esta en las mentes y los sentimientos, en las ideas y valores de cada uno.

La involución gana adeptos cuando nos dejamos seducir por los viejos valores de la fuerza y supremacía de unos respecto a otros, cuando creemos que hacer el bien es de débiles y de no saber defender lo propio, que el amor es un mero sentimiento.

El mal gana la batalla cuando cansados de ver maldad, nos olvidamos que el ser humano es capaz de hacer cosas buenas.

Gana cuando valoramos el éxito existencial en términos de poder económico y supremacía respecto a los demás a cualquier coste.

Gana cuando en la búsqueda de felicidad renunciamos a ser responsables, en una huida hacia adelante imposible para no hacerse cargo de las consecuencias de nuestros actos.

El destino lo marca el camino, el medio determina el fin, como la siembra nos habla de la cosecha.

Lo que encontremos al final del viaje será un reflejo de nuestra forma de tratar a los demás en el camino. Si subimos pisando orgullos y cabezas, nos las pisarán, si subimos respetando y amando es lo que tendremos.

La profesión no es lo que dice un título oficial, lo dice las herramientas que llevamos en las manos.

No busquemos ineficacia e incompetencia más allá de uno mismo.
El mal gana cuando buscamos culpables a nuestros fracasos.

Si no hay fluidez en el camino, no busques culpables, reorganiza tu vida.

El espíritu te pide atención, compasión, empatia y humildad, el mundo humano te pide instinto y saber venderse, la naturaleza te pide que seas más fuerte que el otro, y el ser humano vive entre los tres mundos.

Lo correcto o lo incorrecto es donde uno quiere vivir, con los valores del Espíritu o los valores de la Naturaleza, en la Naturaleza o corres para comerte a otro o corres para que no te coma, valores que comparte la civilización actual, la forma en que tratamos de conseguir cosas no difiere de los métodos de supervivencia y caza de la selva. No es malo, ni bueno, es malo si queremos acercarnos a los valores del Espíritu.

Es bueno o malo en función del lugar que queremos estar, subir peldaños en la evolución exige dejar atrás Todo lo que pertenece a un peldaño posterior, recordemos que una definición del mal, es que es un bien no superado.

Por ejemplo: Si dejamos la selva no podemos seguir ascendiendo profesionalmente pisando cabezas, sacrificando a los débiles y a los perdedores, así hemos hecho una civilización con valores de la selva.

En la naturaleza un árbol caído es materia de reciclaje, el árbol ha fracasado y ha de ser utilizado por otras vidas. En los valores del Espíritu un árbol no cae ya que el bosque esta atento para que nadie caiga. No es que la naturaleza sea peor, cada reino tiene sus propios valores.

4 - Los  valores

Los primeros intentos de vivir en grupo y en poblaciones fueron posibles al incorporar los valores básicos de convivencia, lo que serían los diez mandamientos, el no matar, no robar, etc, son valores de consenso aunque impuestos que requieren de policías y jueces para poder vivir en grupo.

Una civilización futura viable debería incorporar valores interiorizados por la mayoría como la compasión, la empatia, el amor incondicional que Cristo trato de enseñar hace dos mil años, no el amor sentimental de "que buenos somos todos y cuanto nos queremos", el amor del Ángel Solar que es capar de amar al ser humano y permanecer a su lado aunque sea un asesino múltiple.

Los valores de convivencia simbolizados por los diez mandamientos bastaba que los respetaramos para que nos odiaramos y mataramos lo justo para no autoextinguirnos

Los nuevos valores es necesario interiorizarlos, no es cuestión de normas, ni de leyes, es cuestión de que si queremos salir de bucles temporales de guerras y hambrunas, de repetir la historia una vez tras otra, o incluso involucionar, hay que dar pasos adelante, dejar atrás los valores de la selva y dejar una oportunidad a los valores del Espíritu, del amor, de la compasión, de la empatia.

Dos mil años después de Cristo, con las religiones haciendo leyes y política, se ha comprobado que no se pueden hacer leyes para que la gente ame o se respete, ningún político o religioso puede hacer que amemos o tengamos empatia o compasión, esos valores los tiene que trabajar cada uno con sigo mismo y con los demás. Es el verdadero campo de batalla donde cada fuerza pone todo su esfuerzo, en que tipo de valores seducen a la gente.

Volvemos a decir que el mal tiene muy buen marketing, te dice que lo que está al alcance de tu vista te pertenece, te sugiere que tomes lo que te apetezca, posteriormente ya te viene la sorpresa de que hay un precio.

El bien por el contrario te pide que te ganes y te hagas merecedor de lo que deseas. Solo cuando has demostrado que puedes gestionar bien un recurso te lo facilita.

Los valores del bien los solemos conocer en su cualidad inferior cómo sentimientos.
Como sentimientos son duales, podemos amar, pero cuando no nos corresponden surge el odio.

Cuando el amor está interiorizado y corresponde a los valores superiores, es incondicional en cualquier circunstancia, no depende de circunstancias externas, brota de uno mismo de fuentes superiores. Mientras que el amor como sentimiento necesita de otra polaridad horizontal para manifestarse.

Para interiorizar los Valores del Espíritu tenemos que depositar todo nuestro equipaje arriba y delante nuestro. Lo que ya no sirve desaparecerá, de la misma forma que irán apareciendo las cosas y personas que en cada momento necesitemos.

No sabemos en cada momento del camino que vamos a necesitar, solo sabemos que tendremos lo justo y adecuado para la ocasión.

No nos ata nada salvo la voluntad y el amor de mantener la mirada arriba y adelante, ser receptor de energías superiores y mantener las manos extendidas en actitud de dar para que la energía fluya. A mayor bondad  y humildad, mayor fluidez.

José Enrique Hueso

28/07/2015