sábado, 30 de agosto de 2014

El salto a una órbita superior, donde la carga se convierte en solución.


El salto a una órbita superior, donde la carga se convierte en solución.

Aveces hablamos de cruzar el puente, dejarlo todo sin saber a donde vamos, tan solo teniendo la certeza de que no podemos seguir en la orilla de siempre.

Es un mirar adelante pensando solo en el aquí y el ahora, teniendo en cuenta que el pasado ya fue vivido y el futuro cuenta con todas las posibilidades por descubrir, pero que lo único que existe es el aquí y ahora.

Son saltos donde perseguimos ampliar el horizonte, enriquecer nuestra vida con nuevas experiencias

También hay saltos hacia arriba, no buscas ampliar el horizonte andando y experimentando más, quieres ampliar el horizonte viéndolo desde más altura, no quieres nuevas luchas, que sabes que son las mismas de siempre, solo cambia el escenario, los compañeros de reparto, la ubicación, todo lo demás, el guión, la trama, los diálogos, el final, es lo mismo.

Necesitas ver a vista de pájaro, ver desde una perspectiva amplia, la perspectiva del viajero, la perspectiva de quien escucha, de a quien no le convencen las seguridades, las trincheras, los bandos, ni las banderas.

Sabes que hay alguna fórmula que ha de permitir subir de nivel del juego, algún atajo para salir de ruedas de ciclos interminables, no te niegas a seguir jugando, quieres jugar conociendo las reglas, no como ignorante peón que se ve movido por manos que no ve, por razones sin lógica, por sentimientos que te llevan por caminos de interminables luchas, e insatisfacciones. Quieres avanzar por delante del destino, no a empujones del destino, ni siquiera guiado amablemente, si no viendo lo que hay por delante, y con capacidad de decidir y maniobrar.

En la naturaleza vemos el ejemplo del electrón que es capaz de saltar varias órbitas, en contra de toda lógica, en un instante desaparece de su ubicación para reaparecer en una órbita superior, lo que se conoce como salto cuantico. La naturaleza nos muestra que se puede salir de cualquier situación,  sin necesidad de verse atrapados en largas cadenas karmicas, eternos ciclos de aprendizaje y experimentación.

No es un salto a otra orilla para conocer cosas nuevas, es como subir con el ascensor del edificio para ver la ciudad entera, el rincón de nuestro querido callejón se nos queda pequeño, y conocer otros callejones cuando parecen todos similares ya no llena, desde arriba se ve que hay más vida en la ciudad que las cuatro cosas que pasan en la calle, y lo más importante es que desde la nueva perspectiva se comprende mejor esas cuatro cosas.

Si nos sentimos como peones en una partida de ajedrez, conozcamos las reglas del juego para tener la oportunidad de decidir en la partida.

Nosotros somos los que nos atamos a la órbita de siempre, aunque una parte quiera cambios, otra parte de nosotros esta apegada a lo de siempre, podremos llamarlo apego, karma, traumas de la infancia, condicionamientos internos y externos, comodidad, pereza... Las etiquetas no van a variar que seamos nosotros mismos nuestros mayores limitadores.

El incoformismo es lo que hace que veamos posibilidades, preferir la soledad de la libertad a la seguridad y comodidad del dejarse llevar por el entorno. Solo cuando la habitación se nos hace pequeña, nos damos cuenta que en cada pared siempre hay una ventana y una puerta, y cuando vemos que las habitaciones se repiten, miramos al techo y descubrimos la trampilla a la planta superior.

Nosotros somos los responsables de nuestro destino, no malgastemos tiempo y energía responsabilizando a otros, ni delegando las esperanzas en otros, si no sabemos poner orden en la porción de universo que nos corresponde gestionar, no esperemos que otros hagan nuestra parte.

Que no nos pese la magnitud de la tarea, busquemos el atajo, la idea brillante que nos haga exclamar, " ¡eureca!, tan fácil era y no lo veía!" de dar el salto a una órbita superior, donde la carga se convierte en solución.

José Enrique Hueso