domingo, 15 de junio de 2014

Cruzar el puente

Aspiramos a un mundo mejor, y para ello hay que cruzar el puente invisible que separa las dos orillas, ya no nos queda opción de esperar al borde del acantilado esperando que se materialice un puente sólido y seguro, hay que dar un paso al frente con la seguridad de que llevamos dentro de nosotros mismos los planos, los materiales y las herramientas para que se vaya construyendo delante nuestro el puente. Ese puente invisible que se resiste en hacerse visible, solo cuando dejamos caer nuestro peso en él, se muestra en todo su esplendor y solidez.

Hay que dejar atrás dudas y dejar de aferrarse a seguridades y esperanzas de futuros que no llegan, la vida es movimiento, cambio constante, en ocasiones caos destructor seguido de caos constructor, que no es tal caos, tan solo no llegamos a ver todas las razones con las que el universo maneja su vida, de la que nosotros tan sólo somos células o átomos, que apenas llegamos a intuir con que razones nos movemos.

Queremos nadar en el río, pero no queremos mojarnos la ropa y nos cuesta plantearnos dejar atrás ropa, pertenencias, logros, herramientas, seguridades, pero lo sabemos, existen momentos en los que hay que elegir.

Pedimos que se abran nuevas puertas, y estas no se abren mientras no cerremos la puerta que queremos dejar atrás, hay que salir para poder entrar, incluso para saber donde entrar después de salir, hace falta pisar la tierra de nadie.

Las seguridades de siempre se convierten en trampas, en nuevas cárceles, en nuevos dogmas, nuevos límites.

Cuando nada importa, cuando nada ata, empezamos a ser libres.

JEH