lunes, 10 de marzo de 2014

Decir, hacer y Ser

Decir y hacer son herramientas importantes, si bien es cierto que aveces vemos que no hay coherencia entre lo que se dice y lo que se acaba haciendo, esto se debe a que cuando pensamos sobre algo y en consecuencia acabamos hablando de ello, es que estamos trabajando sobre ello, investigando, experimentando.
Desde fuera puede parecer incoherencia e hipocresía, cuando es un proceso natural de hablar sobre lo que nos preocupa y nos ocupa. Cuando el tema lo tenemos interiorizado y nuestro dichos son coherentes con nuestros hechos, perdemos interés de ese tema y pasamos a otro del que queremos investigar y aprender.

Por otra parte además de decir y hacer, tenemos el ser, expresamos lo que somos, transmitimos al entorno lo que llevamos dentro incluso sin llegar a decir o hacer. Por eso sí queremos un mundo mejor empecemos por mejorarnos a nosotros mismos.

Todo lo que podemos ofrecer al mundo parte de lo que somos, aunque viviéramos en una cabaña aislados del mundo, sin comunicarnos con nadie, pero nuestro corazón solo latiera por la belleza, la bondad y el amor, nuestra contribución en la construcción de un mundo mejor sería considerable.

Digo esto porque las palabras llevan a extremos incompatibles, lo que para un espiritual el aquí y el ahora es una clave de magia superior, para un materialista es la consigna de vivir sin aspiraciones, ni valores, de vivir a pesar y a costa del prójimo. Una misma idea sirve para justificar movimientos contradictorios.

La presente crisis económica y de valores está llevando a cada individuo a sus propios límites, nos creímos buenos y nos descubrimos miserables, como Pedro negando tres veces a su amigo y Maestro.
Volvemos a repetir historias de "vinieron a por los judíos y como yo no era judío no hice nada, luego vinieron a por los comunistas, gitanos, periodistas... Cuando vinieron a por mi no había nadie que pudiera hacer nada"

Es un época de reconstruir, de hacer cosas, de equivocarse, de caer y levantarse para volver a intentarlo, de lanzarse al agua sin plantearse si la ropa se moja, de ver la necesidad y actuar en consecuencia de lo que nos dicta el corazón, de limpiar los obstáculos que nos impiden escuchar nuestro corazón y poder actuar como se espera que actuemos.