lunes, 15 de diciembre de 2014

Capricornio 2014, la conciencia grupal.

Capricornio 2014, de la inercia grupal a la conciencia grupal.

Los tres primeros representan la totalidad, los seis siguientes desarrollan las perspectivas individuales, los tres últimos inician la conciencia grupal.

Lo primero para desarrollar la conciencia grupal es conocerse a si mismo en un mínimo, aunque nunca uno se conoce lo suficiente, ya que el conocerse y conocer es un camino, no un destino, pero ha de haber una sólida conciencia de si mismo para ser útil al grupo, de lo contrario somos un número más, útil para seguir y obedecer, para que el grupo sea fuerte en la línea horizontal que marca el líder o la mayoría, pero no tanto para ayudar a subir el nivel de conciencia del grupo.

Hay muchos niveles de relación grupal seguido de etapas en los que se busca la soledad.

Los primeros grupos son la familia, que tienen una estructura más o menos preestablecida, cada miembro va asumiendo unas responsabilidades en principio según unos roles, pero si hay respeto, armonía y empatia según preferencias, y cada uno puede encargarse en cualquier momento de la parte del otro.

Los grupos de juegos de la infancia donde aprendemos a relacionarnos, básicamente a aprender donde te ponen los demás unos límites y uno donde es capaz de poner los límites a los demás para defender lo propio.

La educación en la infancia debería dar prioridad a aprender a conocerse a si mismo y aprender a relacionarse con los demás, ya no tanto como aprendiendo por instinto tal como hace la naturaleza con juegos donde se aprende lo básico, que es saber quien es más fuerte, saber como imponer o obedecer, el ser humano es más complejo. Necesita aprender a ser autosuficiente y al mismo tiempo a trabajar en equipo, gran parte de los traumas que vive la gente y la violencia doméstica, tiene una base en el miedo a la soledad, miedo al rechazo.

Formar parte de grupos, participar activamente en ellos no nos lleva necesariamente a desarrollar la conciencia grupal. Se puede estar, participar, trabajar, incluso al nivel de anular el propio yo, se puede hacer todo eso sin tener conciencia grupal, simplemente dejándose llevar por la inercia grupal.

La inercia grupal, es la fuerza del número, el calor de la mayoría, la seguridad del clan, el no sentirse solos, el sentimiento de pertenencia a un proyecto con más personas, compartir tiempo, afinidades, objetivos. En la inercia grupal no se piensa, el grupo te provee de lo que necesitas, entonces te dejas llevar por el grupo.
El problema viene cuando no puedes apagar la llama de la curiosidad, no paras de hacerte preguntas y necesitas respuestas que el grupo no es capaz de dar. Esta actitud que viene del instinto de evolucionar acaba por poner en peligro la paz social de la inercia grupal.
Este peligro no existe en un grupo que basa su funcionamiento en la conciencia grupal en vez de la inercia grupal, pueden coexistir miembros con diferentes inquietudes y necesidades diversas, incluso antagónicas pero comprenderse y apoyarse.

En la inercia grupal el movimiento lleva al clan por caminos homogéneos, pero la cohesión es puntual y depende de la esperanza depositada en un proyecto, en un líder, en una creencia, en una ideología, pero tarde o temprano surge la fricción, el conflicto.

La conciencia grupal crea un ambiente de armonía, no hay fricción al haber respeto y empatia con la circunstancia de cada uno, no es prioritario la fuerza del número, ni hay necesidad de proteger la cohesión,  simplemente es la suma de individualidades conscientes y seguras de si mismas. El ambiente de armonía es el caldo de cultivo de la creatividad, la clave pasa de la necesidad de cohesión a la aportación creativa desde la fluidez y empatia.
De la unión por el pensamiento único a la unión por afinidad y participación en la diversidad.

Llega un momento que la inercia grupal se convierte en una limitación para quien necesita preguntarse cosas para las que el grupo no tiene respuestas. Por otra parte el grupo que funciona con inercia identifica como hostil a quien no se sacia con lo que provee el grupo. Es un momento que uno no puede seguir en el grupo sin entrar en un proceso de fricción y conflicto, primero con sigo mismo y después con el grupo y el grupo tratará de proteger su funcionamiento de miembros que perturban la paz social que se basa en el pensamiento homogéneo, en el mirar a otro lado por el bien de la mayoría.

En el inicio de la conciencia grupal se rompe el dique del yo, uno ya no es el epicentro del universo, se es consciente de la realidad de los demás, se quiere aprender, conocer las otras perspectivas, participar de las experiencias de otros, que gracias a la conciencia grupal la realidad de los demás se siente y vive como propia.

En la conciencia grupal no hay necesidad de imponer, ni de obedecer, ni miedo a la soledad o al rechazo. Pero todo movimiento es pendular, de no tener empatia, ni considerar las circunstancias de los demás, podemos llegar a dar tanta importancia a las circunstancias de los demás y olvidarnos tanto de nosotros mismos, que volvamos a delegar nuestra curiosidad, esperanza y motivación en el grupo, que nuestro avance evolutivo se ralentice por tratar de satisfacer las necesidades de todo el mundo, perdiendo de vista que se es más útil a los demás si somos útiles a nosotros mismos. Que ser útil a la sociedad es reconociendo la necesidad con criterio de eficacia y gestión de recursos, y no simplemente por ver contenta a la gente.

Con la evolución el yo crece y en su expansión rompe sus limitaciones y da paso a ser consciente del entorno como parte de si mismo. Como la semilla cuando llegado el momento rompe la cáscara de protección, se abre paso por la tierra y entre las otras plantas que irrumpieron antes, deja la oscuridad protectora de sus muros y de la tierra para descubrir un mundo más grande y diverso.

Un tsunami de las realidades, sentimientos e inquietudes del entorno inundan a un yo que acaba de salir de su epicentro. Empieza una nueva etapa de relación y convivencia grupal, en cada nueva etapa nos vamos alejando del dejarse llevar por el grupo a encontrar grupos que basan su funcionamiento en la fluidez y en la diversidad, en la comprensión y empatia. Es como cuando hay aceite en un motor, cada pieza del motor sabe de su tarea, no se compara con ninguna otra, y su aspiración es realizar un buen trabajo, mejorarse a si mismo para que la suma del trabajo de los demás convierta el resultado en el funcionamiento del motor, por mucho movimiento que haya no hay fricción gracias al aceite que sería la conciencia grupal.

No hablamos del amor ya es una palabra devaluada que se usa para todo, básicamente para definir un sentimiento de desear y ser deseado. La conciencia grupal no es un sentimiento, ni un deseo, es la capacidad de percivir otras realidades como propias, desde la desnudez de lo que son, sin esperar, ni desear, ni querer modificar nada. Su energía es la fluidez.

Capricornio se representa como la obeja que cansada de la monotonía de la seguridad se transforma en cabra que sale del rebaño en busca de aventuras en el monte. Entre la seguridad y la curiosidad elige lo segundo, esta muy bien la seguridad y el abrigo del grupo, pero hay momentos que no es lo que necesitamos.
La vida está organizada en ciclos, unas etapas nos bullen las preguntas, la sed de aprender y experimentar, de expandirnos, el mundo se nos queda pequeño, el calor del hogar se torna asfixiante, nos es más seductor el frio, la incertidumbre y la soledad del horizonte, en otras etapas buscamos la vuelta al hogar, el descanso del guerrero, el dejarse querer y cuidar por el grupo, y aportar al grupo el néctar de nuestras experiencias.

En otros tiempos era habitual que en un momento dado alguien lo dejara todo, familia, posesiones e iniciará un camino de soledad, deambulando sin rumbo fijo, o recluido cómo ermitaño en busca de más conocimiento. En la era de la globalización, donde las tecnologías y el transporte nos permiten una movilidad solo condicionada por el deseo y la capacidad económica, es la era que más solos podemos sentirnos estando con gente. Es la era de los hombre espejos o invisibles, entre tanta gente, tantas cosas que ver y oír, si no te ven y ni te oyen, no existes. Es la era que no existes, ni te buscan si no es para pagar una factura.
Se puede sentirse solo estando acompañado, no hace falta dejar el rebaño. Estan mal vistos los momentos de soledad, cuando son los momentos que podemos escucharnos y conocernos mejor.

José Enrique Hueso

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