martes, 7 de octubre de 2014

La naturaleza y el ser humano

La naturaleza y el ser humano.

Formamos parte de la naturaleza, por muy razonables o espirituales que nos veamos somos naturaleza en esencia y en forma, tendemos a creernos superiores, que nuestra condición de humanos nos coloca en un plano de superioridad, que las hormonas, los instintos no nos afectan, pero no solo nos influencian, sino que además dependemos de los viejos hábitos heredados, de traumas y complejos de la infancia.

De la naturaleza nos alejamos de algunas cosas que nos podían ser útiles y de otras que podríamos trascender no lo hacemos

Todo ser de la naturaleza sabe que su vida le va en estar atento y serenamente expectante, estar atento a todo lo que ocurre en el entorno, necesita prevenir amenazas y proveerse de alimentos, pero sobretodo para evolucionar. No estar atento, no tener curiosidad significa estancamiento, y en algunos casos involución.

Como humanidad nos dejamos llevar muy fácilmente por la comodidad, la dejadez y la delegación en otras personas de aquello que nos permitiría evolucionar como la atención, curiosidad, investigación, seguridad.

Por otra parte creemos que existen seres superiores que vendrán a salvarnos, es decir, ha realizar nuestro trabajo. Seres de otra galaxia, de otra dimensión o incluso hemos llegado a creer en la generación indigo, seres superiores que encarnaban en nuestros hijos y traerían una nueva civilización.
Generación indigo que acabo cómo generación ni-ni, y ahora se la conoce como la generación perdida, como supuestamente eran tan sensibles y no les comprendimos, los traumatizamos y algunos acabaron drogadictos, pegando y robando a los padres.

Si existe un superpoder que defina a un posible super humano, no es volar como superman o algún superpoder de los héroes de cómic, o superpoderes paranormales de los llamanos niños Índigo, un superpoder es sin duda la capacidad de escuchar, de tener empatia y compasión.

Son superpoderes al alcance de pocos humanos, y aun pocos son capaces de disfrutar de estos mega poderes de forma habitual. Son inalcanzables porque no convencen, nadie sabe para que sirven, y así son descartados.

La capacidad para comprender y compartir las circunstancias de otras personas, sentir como propio el problema del otro y trabajar para aliviarlo, es una cualidad algo más que humana, tal vez por lo escasa que es verla.

Pero simpatizar con los otros tiene sus riesgos, puedes verte absorto tratando de solucionar la vida de los demás, mientras descuidas la tuya y la de tu familia. Precisamente lo importante es aplicar estos superpoderes en el entorno inmediato, saber escuchar a quien tenemos delante, mostrar interés en mejorar la calidad de vida de las personas que configuran nuestro universo, empezando por nosotros mismos, siguiendo por los que conviven en nuestro techo, etc. No usemos estos superpoderes a cambio de algo, pero tampoco los usemos con gente que no los valora, no echemos margaritas a los cerdos, aprendamos de la naturaleza la eficacia en la gestión de los recursos. Busquemos la fluidez como hace el agua o el viento.

Otro poder cómo la telepatía es en realidad un superpoder de la naturaleza, la capacidad de que uno se comunique con otro, o sepa lo que piensa a larga distancia con la mente, es una capacidad más bien olvidada, que en la naturaleza y el mundo animal está presente, y que el ser humano está re-descubriendo entre otras cosas gracias al uso de los móviles.

Existen muchos superpoderes de la naturaleza que hemos olvidado desde que nos desconectamos de las cosas positivas de la naturaleza, y parte de  la juventud sigue desconectandose mientras vea divertido negar los sentidos, con música a un volumen que no permite hablar o escuchar (o los nuevos sonidos tam-tam, que dicen que es música y que los conectan a épocas supuestamente transcendidas milenios atrás, épocas de mazo y taparrabos). El uso de drogas diseñadas para bloquear los sentidos, como el olfato y gusto con las "cosas" que se fuman. La vista; renunciando a la vida diurna por la nocturna, así como la atención y hasta la conciencia, buscando un estado de semi despiertos, bloqueando la necesidad de dormir, comer, y sobre todo aniquilando lo que nos hace evolucionar; la curiosidad y ganas de aprender. Viendo como meta existencial estar tumbados en una hamaca viendo pasar las nubes, mientras los viejos se busquen la vida para servirles comida y bebida.

Nos desconectamos de los superpoderes de la naturaleza como la capacidad de estar atentos al entorno y a nosotros mismos, que cualquier animal es capaz de hacer. Se presupone que el ser humano es el único dotado de autoconciencia, que puede tener conciencia de si mismo, razonar, usar los sentidos y herramientas a su disposición para comprenderse a si mismo, al entorno, y con ese conocimiento crear y modificar. Pero en ocasiones preferimos dejarnos llevar y convertirnos en zombis atontados, sin capacidad autocritica, y a la espera de líderes que nos digan que es lo último en moda, que nos digan a quien adorar o a quien odiar, a quien servir o quien dilapidar.

Sin embargo no dejamos atrás los aspectos negativos de la naturaleza como el descartar lo débil, el que no sirve y sobre todo el que no nos sirve en la necesidad inmediata del aquí y ahora, es descartado, despreciado y eliminado de nuestra escala de valores. Solo lo que nos aporta un valor, un placer o calma una necesidad inmediata es digno de una breve atención por nuestra siempre ocupada parte.

La naturaleza recicla lo débil como forma de gestionar eficazmente unos recursos que trata que lleguen a cuantos más seres mejor, el problema es que no espera a que un individuo se desarrolle y autorealice para pasar a formar parte del sistema de reciclaje de la cadena trófica, el lema es "o corres para comer a otros o eres comido". El ser humano lo utiliza como que solo presta atención a lo que más le satisfaga en un momento puntual, bajo el lema, "si me apetece, existe", "si me llena, le perdono".

Si solo somos capaces de valorar, incluso de ver, aquello que se impone por la seducción, el carisma, el marketing, el espectáculo, la satisfacción de un deseo, o la sensación de seguridad, entonces nos estamos perdiendo muchas historias y oportunidades. Si solo se hace visible a nosotros ojos el espectáculo, es que no estamos esperando otra cosa.

Vemos que la empatia y la compasión no encajan en las reglas del juego. Es más, una partida con estas reglas solo de una parte nos llevan a perderla, por lo menos por la otra parte aunque no las comparta, las ha de respetar. Como poca gente valora, ni comprende la buena voluntad. La buena voluntad, la honestidad, la honradez, la nobleza se ven como signos de debilidad, y como cualquier signo de debilidad inspira desprecio. Sin embargo la buena voluntad esta reconocida como un conjunto de normas de comportamiento social que facilita la convivencia. No es comprendida, es despreciada, pero es aceptada cómo necesaria para la convivencia. Es como las normas de tráfico, son aceptadas para evitarse accidentes y multas. Ocurre lo mismo con la buena voluntad. Se aceptan muchos signos de supuesta debilidad cómo hacer como que escuchas, hacer como que respetas y que te importa el interlocutor, cómo método para tener vida social.

¿Realmente escuchamos, tenemos interés por la vida y las circunstancias de las personas con las que nos relacionamos? ¿Defender nuestro punto de vista es más importante que considerar la experiencia de otra persona?

José Enrique Hueso

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