sábado, 20 de septiembre de 2014

Las leyes de la Naturaleza y del Espíritu

Las leyes de la Naturaleza y las leyes del Espíritu

Sin entrar en las leyes de la física, existen leyes, normas y hábitos de comportamiento que difieren en las áreas de influencia que rigen según los reinos de la Naturaleza.

Se dice que lo de abajo es lo mismo que lo de arriba pero más denso, vamos a analizar algunas diferencias, desde un punto de vista antropológico y sociológico.

Primero destacar las diferencias entre las leyes de la naturaleza y las leyes del Espíritu, y como nos afectan a nosotros como integrantes de un reino que es animal y material, y en algún momento trata de ser algo mental, y en raras ocasiones espiritual.

Leyes de la naturaleza (y de la sociedad) priman la supervivencia de los genes más fuertes y sanos, no es de extrañar pues que en la sociedad este mejor visto el egoísta y el pícaro, que el bondadoso y atento, no significa que el egoísta y pícaro sea más sano, ni más fuerte, ni más inteligente, pero como aun funcionamos con la lógica animal, la lógica de la apariencia, de la testosterona y de la adrenalina para demostrar la supremacía y el éxito, nos lo acabamos creyendo.

Según Darwin, el que sobrevive no es el más fuerte, ni el más inteligente, sobrevive el que mejor se adapta, sin embargo la naturaleza (y la sociedad) trata de proteger al fuerte, o al que demuestra fuerza.

La lógica y el comportamiento animal sigue funcionando en la sociedad humana, se han hecho estadísticas donde se demuestra que los más altos cobran mejores sueldos, podríamos poner miles de ejemplos donde se comprueba que la mayor parte de la humanidad sigue funcionando con las claves y leyes de la naturaleza, donde lo que parece más fuerte es depositario del éxito y merecedor de la admiración del grupo.

Incluso la sociedad apoya al fuerte aun sabiendo que la fuerza le venga de carecer de escrúpulos, empatia o compasión. Como si en el fondo la gente considerará los escrúpulos y la empatia como sentimientos que les impiden realizarse. Como si fuera un lastre tener en cuenta los sentimientos y las necesidades de los demás.

La naturaleza es muy bella, pero su estructura se basa en la cadena trófica, es decir en que unos se comen a otros, como la gacela que tiene que correr para que no le coman y el león que tiene que correr para comerse la gacela y no morirse de hambre. Y la gacela aunque sobreviva al león tiene que buscar constantemente nuevas zonas donde encontrar las plantas que necesita comerse para vivir, plantas que no pueden correr pero intentan protegerse con espinas, toxinas, y lo que se les ocurra para sobrevivir a insectos o herbívoros.

La naturaleza es bella, pero intrínsecamente cruel, todo lo que permanece vivo es por comerse a otros seres y conseguir no ser comido. Lo bueno es el sistema de reciclaje basado en que la energía es reutilizada, lo malo es cuando te reciclan estando aun vivo, por no correr lo suficiente.

Las reglas que rigen el comportamiento dentro de las mismas especies, también están basadas en la supremacía del más fuerte, el débil es eliminado (pasa a ser comida para el clan) para que no reproduzca genes débiles.

Pero en este punto definamos fuerte, según se entiende en las leyes de la naturaleza:

Es el que ofrece al grupo seguridad, el que se arriesga a dar su vida,  (o lo hace creer) para proteger al grupo de peligros conocidos. De nada sirve al grupo alguien fuerte que no va a protegerlos, o dicho de otra forma, seguramente el fuerte aparente, que dedica parte de su tiempo diario a convencer al grupo que están seguros con él, sea el primero en huir, y que al final sean salvados por alguien que no prometía nada.

Pero el grupo, y da igual de que especie animal estemos hablando necesita que alguien les ofrezca seguridad, y dentro de la especie humana lo mismo, en cualquier entorno y contexto, privado, laboral, lúdico, religioso, político, universitario, todo grupo busca la seguridad o por lo menos la sensación de seguridad que alguien les pueda vender.

Aunque el león este viejo y la manada sepa que realmente no les protege, si les da la sensación de que alguien se está encargando de protegerles, o por lo menos de vigilar.

Por lo tanto en este punto vemos que la fuerza que prima la naturaleza no es la fuerza real, es la fuerza de quien vende al grupo seguridad, seguridad de no ser comidos por otros, seguridad de que no les faltarán cosas para comer a ellos y a sus hijos.

Si hablamos de leones; de la protección hacia otros leones que matarían a los cachorros del león viejo y poder reproducir solo los propios genes, la seguridad de llevar a la manada hacia donde haya gacelas. Si hablamos de gacelas; le piden al lider la seguridad de que a donde les lleva no habrá leones y si muchas plantas comestibles. Si hablamos de las plantas que se comen las gacelas, la naturaleza tratará de primar la reproducción de la planta que haya mejorado su genética para resistir, plagas, sequía, o que incorpore una nueva toxina o espina que proteja al grupo del ataque de las gacelas.

Si hablamos del comportamiento humano; basta observar los niños en una guardería, en el colegio, en la universidad, en los juegos, como se relacionan entre ellos, entre los sexos, entre generaciones. Los juegos de los niños son una reproducción de otras especies, se preparan para la defensa y la lucha, propia y la del clan, entre los chicos se valora el más fuerte, el que supuestamente va ha proteger mejor al clan y a sus descendientes, quien representa una mejor garantía para la supervivencia de la especie. Los jóvenes en sus juegos aprenden el funcionamiento de la jerarquía, como el que quiere liderar tiene que ganarse el respeto de los demás. El control del espacio. La inteligencia y la competencia rara vez esta vijente en estos juegos, seguimos con la testosterona y la adrenalina.

Los humanos no somos tan diferentes del resto de las especies. Necesitamos que alguien nos de sensación de seguridad.

Incluso desde el punto de vista religioso, necesitamos saber en que texto sagrado creer, en que portador de la verdad descansar nuestra incipiente curiosidad.
Cuando delegamos nuestra investigación, nuestra irreverente busca de nuestra verdad, nos rendimos como caminantes, preferimos el sedentarismo, y el cobijo de la sensación de seguridad del grupo.

Aquí entramos en una de las brechas más grandes con las leyes del Espíritu, donde la seguridad también es importante, pero de nada sirve la sensación de seguridad, ya que las leyes del Espíritu se basan en lo real y tangible.
Por mucho que lo del espíritu parezca invisible es lo más tangible y real que existe.

Puede que nuestros ojos no registen lo espiritual, por un sexto sentido nos sugiere que algo invisible es real. Empezamos a creer en cosas invisibles y en la necesidad de conocer, de comprender un mundo diferente, por su naturaleza sutil e invisible, buscamos nuevamente seguridades, entonces aparecen los vendedores de la verdad, que nos aseguran que determinada interpretación de un texto sagrado es la verdad que hay que seguir.

Toda investigación esta basada en la curiosidad, en la duda, en la incertidumbre, en la inseguridad, en probar y descartar, en cuestionarlo todo, incluso a uno mismo. La curiosidad, la inseguridad, la incertidumbre son los motores que nos hacen evolucionar.

La seguridad en el mundo de la naturaleza animal, en nuestra sociedad, limita y estanca el movimiento, la evolución.

La inseguridad permite derribar barreras, buscar nuevos horizontes.

La seguridad en el mundo de la mente y el espíritu, da vida a las ideas, moldea viejas formas y crea mundos.

En la naturaleza y en la sociedad actual la sensación de seguridad ofrece tranquilidad, y descanso, alguien se encarga de que todo vaya bien.

En las leyes del Espíritu no vale lo que no es real, la seguridad es lo que hace que lo sutil e invisible se haga denso y visible,  por lo tanto la seguridad no es una sensación, es la acción que materializa la idea.

La evolución es la convicción interna del camino a seguir como única seguridad, camino personal que difícilmente puede ser compartido, ni comprendido por otros, tan solo andado con ánimo de compartir, compartir los buenos momentos en armonía. Uno puede buscar compartir su interpretación de la verdad con la misma intención que un niño comparte su juguete con otro niño, pero nunca con ánimo de dar lecciones de nada, al fin y al cabo la verdad se ve como algo abstracto, relativo y con mucha humildad.

De la seguridad del clan, del rebaño donde todo nos es dado, pasamos al mundo de la incertidumbre, donde lo único seguro es el propio avance, nuestro propio pie dando un nuevo paso, aunque a veces parezca que retrocedemos.

Las diferencias del amor. En la naturaleza el amor es dual, representa la energía sexual que ayuda a que las especies se reproduzcan,  su esencia es la necesidad, la necesidad de prolongar en el tiempo la especie, incluso el amor terrenal más cercano al amor espiritual, que es el amor incondicional de madre a hijo, esta también basado en la prolongación de la especie.

La esencia del amor espiritual es la incondicional atención y asistencia a todo ser. Este tipo de amor no existe en la naturaleza, ni la humanidad lo comprende más que como un concepto teórico.

Tampoco existe la compasión en la naturaleza, lo importante es la eficacia en la gestión de los recursos.
Para evitar la sobrepoblación de una especie, existe otra especie encargada de alimentarse de esa para lograr el equilibrio en la cadena trófica, los débiles y enfermos son eliminados para garantizar los recursos a quienes estén mejor preparados para garantizar la supervivencia.

El hecho de que la sociedad en momentos de bonanza economía trate de dar una calidad de vida a enfermos, ancianos y personas con problemas para adaptarse a la sociedad, demuestra la tendencia evolutiva de la humanidad a ampliar su horizonte más allá de la vida animal. Son picos de algo más que humanos que dan esperanza en el futuro, desafortunadamente esos picos de bondad y compasión están estrechamente relacionados con una situación económica donde las necesidades básicas están ampliamente cubiertas para la mayoría.
Aunque también se dan picos de generosidad en las circunstancias extremas, donde hay tan poco y tan poca esperanza de sobrevivir que lo poco que hay se comparte.

Muchas veces hablamos de lo importante de la buena voluntad y de la voluntad al bien, pero no nos engañemos, no es nada fácil. La sociedad está montada sobre las leyes de la naturaleza y no sobre las leyes del Espíritu, lo cual es lo más razonable, el que algunos aspiremos a acercarnos a lo espiritual y sus leyes, no debe obviar que vivimos en un mundo material regido por sus propias leyes.

José Enrique Hueso

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