lunes, 21 de julio de 2014

Entre dos tierras.

Tierras ardientes.

Entre dos tierras; la seguridad y el movimiento

Estamos acostumbrados a andar por la tierra, a las seguridades que nos ofrece, pero el camino del espíritu, es un camino de fuego, una tierra ardiente donde lo no esencial arde hasta consumirse, y lo esencial arde con fuego constructor, radiando y expandiéndose.

Entre dos tierras andamos, la de la tierra y el agua, el cuerpo y la emoción. Y la tierra y el fuego, la personalidad y el espíritu.

Dos caminos divergentes, antagónicos, enfrentados, pero dos caminos que son uno. Uno busca la seguridad y el bienestar propio y de los allegados, en el mundo presente, en casa de la Madre Tierra, y corre el riesgo de olvidar que en el fondo es fuego que ha de retornar a su verdadero hogar, con la vejez aprende a dar valor a otras prioridades.

El otro busca retornar a la casa del Padre, sabe que es fuego, es consciente de las limitaciones de un mundo que busca seguridades y certezas, y corre el riesgo de quemarlo todo, de destruir toda envoltura y todo puente, ya no siente propio un hogar con construcciones, árboles, montañas, ríos y mares. Su casa es Venus, Marte, Júpiter o el propio Sol, es puro fuego.
Mientras está en la tierra su reto no es retornar, si no ser digno en un mundo que se le hace ajeno, dar la espalda a la luz y compartir en la tierra lo que es capaz de cosechar del cielo.

Dos caminos que han de ser uno, ahí el reto del ser humano.

En una tierra buscas seguridades, estabilidad donde construir tu universo, en la tierra ardiente es el movimiento lo que rige, momentos de caos destructor seguidos de momentos de aparente caos creador, todo se mueve a una velocidad insaciable, todo es creado y devorado, lo que hoy es importante mañana puede ser innecesario, lo que te salva ahora en un momento te puede destruir, la única seguridad que queda es la de que o estas atento y te mueves y te adaptas o estas fuera.

Aun así te puedes acostumbrar a la Tierra ardiente e ir quemandolo todo, te conviertes en fuego, nada es imprescindible, todo parece una atadura a un mundo estático y caduco, cuando ves que tu velocidad no es la misma, que la del mundo que te rodea, que apenas puedes cambiar nada, que lo que quieres mejorar es lo que trata de destruirte, ya que no comprende tu velocidad y afán de cambiarlo todo, decides alejarte, y como viajero en globo vas cortando cuerda tras cuerda, en busca de un movimiento que puedas seguir y aprender, piensas que realmente, para que vas a crear resistencia donde no se quiere movimiento.

A la Tierra ardiente se llega sin darse cuenta, incluso la pequeña tierra ardiente de la adolescencia, cuando creemos saberlo todo y vemos a nuestros mayores como débiles ancianos supervivientes de una civilización ignorante, o esas pequeñas tierras ardientes donde uno se siente desconectado, con ganas de romper con todo, destruirlo todo con el fuego del guerrillero.

Pero existe la Tierra ardiente del buscador, tras larga búsqueda de conocimiento, otra larga lucha para poder aplicar en las batallas cotidianas el conocimiento adquirído y tranformarlo en sabiduría, que no es otra cosa que ser capaz de poder darle utilidad práctica al conocimiento.

Apaga tu fuego hasta que no queme, que tan solo sea una brasa, que de calor, confort y luz a los caminantes.

No busques quemarlo y cambiarlo todo, deja que el tiempo haga su trabajo.

Vives entre dos mundos, aprecia la libertad que ejerces y se digno de los dos mundos.

José E Hueso



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